Angelo Arrigoni recuerda la emoción de aquel día que de pequeño se le envió a hacer un recado: llevar el pan al papa Juan XXIII y se lo entregó en mano en el palacio pontificio, ahora igualmente emocionado cuenta a EFE que se ve obligado a cerrar el horno que abrió su padre hace 90 años y que todos en el barrio de Borgo Pio conocen como la “panadería de los papas”, pues han llevado desde entonces sus productos a todos los pontífices.
Este martes, Angelo Arrigoni, de 79 años, una institución en el barrio de Borgo Pio, junto al Vaticano, apagó el horno y hoy por primera vez el papa, en este caso Francisco, se quedará sin su pan.
El sábado, “la panadería de los papas”, bajará definitivamente la persiana y desaparecerá un pedazo de historia de Roma y el barrio del Vaticano, que un tiempo estaba repleto de negocios de artesanos, seguirá muriendo lentamente consumido por el turismo.
