Mujeres migrantes haitianas: el trabajo invisible que sostiene hogares en República Dominicana

Aunque su trabajo sostiene hogares y pequeñas economías, miles de mujeres migrantes haitianas siguen atrapadas entre la informalidad laboral, la falta de derechos y el temor a la deportación.

Por: Ana Celia Castillo

La migración haitiana en República Dominicana suele analizarse desde una perspectiva masculina, vinculada principalmente a sectores como la agricultura o la construcción. Sin embargo, existe otra dimensión menos visible pero igualmente importante: el papel de las mujeres migrantes haitianas en la economía dominicana.
Su trabajo, concentrado en servicios domésticos, comercio informal y actividades de cuidado, constituye una parte esencial del funcionamiento cotidiano de miles de hogares y pequeños negocios en el país.
Con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, resulta oportuno reconocer y visibilizar la labor de este grupo que, a pesar de su aporte económico y social, sigue siendo en gran medida invisible.
Una presencia significativa en la población migrante
De acuerdo con la Segunda Encuesta Nacional de Inmigrantes (ENI-2017), realizada por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), en República Dominicana residen 219,190 mujeres inmigrantes, lo que representa el 32 % del total de extranjeros en el país.
De ese grupo, más del 84 % son de origen haitiano, lo que confirma que constituyen la mayoría de la población femenina migrante.
A pesar de su peso demográfico, la participación laboral femenina sigue siendo limitada. Según la misma encuesta, solo el 38 % de las mujeres inmigrantes participa en alguna actividad económica, ya sea en el sector formal o informal.
Esta baja participación refleja barreras estructurales como la falta de documentación migratoria, el acceso restringido al empleo formal y la concentración en actividades económicas poco reguladas.
Sectores donde trabajan
Datos del Instituto Nacional de Migración (INM) muestran que las mujeres migrantes haitianas se concentran principalmente en actividades de servicios y comercio:
37.38 % trabaja en comercio al por mayor y al detalle
16.29 % se dedica a servicios de comida y alojamiento
11.12 % participa en actividades agrícolas y ganaderas
En la práctica, es común encontrarlas trabajando en cocinas económicas, pequeños puestos de venta, lavanderías informales o como trabajadoras del hogar.
Aunque estas labores son fundamentales para el funcionamiento de muchos hogares dominicanos, suelen estar marcadas por bajos salarios, ausencia de contratos y escasa protección social.
El servicio doméstico es uno de los ejemplos más claros de esta realidad: una gran proporción de las personas inmigrantes que trabajan en este sector son de origen haitiano, y la mayoría son mujeres, muchas de ellas en condiciones de informalidad.
“Todo lo que hago es por mis hijos”: la historia de Marie
A las cinco de la mañana, cuando gran parte de la ciudad aún duerme, Marie ya está despierta.
En una pequeña habitación que alquila en un barrio popular de Santo Domingo, prepara café en una estufa de gas mientras sus cuatro hijos pequeños todavía duermen en una cama improvisada.
Marie llegó a República Dominicana hace casi diez años desde Haití buscando una oportunidad para sostener a su familia. Hoy tiene 30 años y vive sin documentos migratorios, una condición que define gran parte de su vida diaria.
Algunas mañanas vende café y frituras cerca de una parada de transporte público. Otros días limpia casas o lava ropa por encargo. El trabajo nunca es fijo, y el dinero tampoco.
“Trabajo donde me llamen”, cuenta. “Todo lo que hago es por mis hijos”.
Su hijo mayor tiene nueve años y asiste a una escuela pública cercana. Los otros tres, de siete, cuatro y dos años, pasan la mayor parte del tiempo con ella mientras intenta ganarse el día. Cuando consigue limpiar casas, una vecina la ayuda a cuidarlos por unas horas.
El alquiler de la habitación y la comida consumen casi todo lo que gana. Algunas semanas, cuando el trabajo escasea, depende de pequeños préstamos o de la solidaridad de vecinos.
La salud también es una preocupación constante. Marie reconoce que muchas veces evita acudir a centros médicos por temor a tener problemas debido a su situación migratoria.
“A veces uno espera hasta que ya no se puede más”, dice.
A pesar de las dificultades, insiste en que su mayor sueño es que sus hijos puedan estudiar y tener un futuro distinto.
“Yo no tuve oportunidad de estudiar”, explica. “Pero si mis hijos aprenden y tienen un trabajo mejor, todo esto habrá valido la pena”.
Historias como la de Marie reflejan la realidad de muchas mujeres migrantes haitianas en República Dominicana: trabajadoras invisibles que sostienen hogares, cuidan niños, limpian casas y mantienen pequeñas economías informales, mientras enfrentan diariamente la precariedad y la incertidumbre.
Desigualdad laboral y vulnerabilidad
Un análisis basado en la ENI-2017 indica que las mujeres migrantes haitianas enfrentan mayores dificultades para acceder al empleo que los hombres migrantes.
Su tasa de desocupación alcanza 10.6 %, más del doble que la de los hombres migrantes, que se sitúa en 4.0 %.
La informalidad laboral también limita su acceso a seguridad social, seguro de salud y protección legal frente a abusos laborales.
Esta situación se agravó durante la pandemia de COVID-19, cuando muchas trabajadoras informales perdieron ingresos o redujeron su acceso a servicios básicos.
Diversos estudios y reportes de organizaciones sociales han señalado que numerosas mujeres migrantes redujeron su asistencia a centros de salud por temor a controles migratorios, lo que afectó también el bienestar de sus familias.
En teoría, los hijos de estas trabajadoras pueden acceder a educación y servicios de salud públicos. Sin embargo, en la práctica este acceso suele ser limitado debido al temor a procesos migratorios o deportaciones, lo que impacta directamente en el bienestar de los niños.
La combinación de género y estatus migratorio genera así una doble vulnerabilidad: por un lado, la precariedad de sectores laborales históricamente desprotegidos; por otro, la condición de migrante en un mercado laboral altamente informal.
Una mirada desde los derechos humanos
En entrevista, el doctor Manuel María Mercedes Medina, presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos de la República Dominicana (CNDH-RD), señaló que las mujeres migrantes haitianas enfrentan obstáculos adicionales por su situación migratoria.
“Estas mujeres trabajan en condiciones que muchas veces no están regularizadas, incluso en comparación con las dominicanas que realizan las mismas labores”, afirmó.
Según Mercedes Medina, los sectores donde se observa mayor vulnerabilidad son:
      Trabajo doméstico, caracterizado por salarios bajos y ausencia de contratos formales.
Turismo y servicios, donde existen oportunidades limitadas pese al manejo de idiomas o experiencia laboral.
Economía informal, como ventas ambulantes o pequeños negocios sin protección laboral.
El presidente de la CNDH-RD también advirtió que, aunque en teoría los hijos de estas trabajadoras pueden acceder a educación y servicios de salud, en la práctica muchas familias enfrentan obstáculos debido al temor a procesos migratorios o a la falta de regularización.
Recomendaciones y llamado a la acción
Ante esta realidad, el doctor Mercedes Medina considera necesario impulsar medidas que permitan reducir la vulnerabilidad de estas trabajadoras. Entre ellas destaca:
Formalización del trabajo doméstico y regulación del empleo migrante.
Facilitar contratos laborales y permisos de trabajo que permitan regularizar la situación legal de las trabajadoras.
Garantizar el acceso efectivo a servicios de salud y educación, eliminando barreras vinculadas al estatus migratorio.
Reapertura y fortalecimiento de consulados, para permitir procesos de regularización migratoria sin riesgos económicos o legales.
“Hasta ahora, el papel del Estado y de los empleadores para reducir la vulnerabilidad de estas trabajadoras ha sido prácticamente nulo. En lugar de avanzar en derechos humanos y protección laboral, hemos visto retrocesos significativos”, concluyó Medina.
Reconocer un aporte que sostiene la vida cotidiana
Las mujeres migrantes haitianas cumplen un papel silencioso pero fundamental en la economía y en la vida diaria de muchas familias dominicanas. Su trabajo sostiene hogares, redes de cuidado y pequeñas actividades comerciales que forman parte del funcionamiento cotidiano del país.
Reconocer su aporte no es solo una cuestión de justicia social, sino también una condición para avanzar hacia un desarrollo más inclusivo y sostenible en República Dominicana.
Visibilizar su realidad especialmente en fechas como el Día Internacional de la Mujer es un primer paso para comprender que detrás de muchas labores cotidianas existen historias de esfuerzo, resiliencia y contribución al bienestar colectivo. 

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