Por: Santos Aquino Rubio
En la época en que se entendía que los medios de comunicación, sobre todo, la radio y la televisión, debían ser aulas abiertas que contribuyeran con la escuela en todos los niveles; a la formación de los valores éticos y morales y a la preservación de la familia, ser profesional del área era un orgullo.
Hoy en día, con la llegada de la “modernidad”, cuando el dinero lo puede todo y el que paga tiene derecho a un espacio, la televisión y la radio han perdido irremediablemente su valor formativo, ya cualquiera sin saber hablar, sin formación alguna, es dueño de un espacio rentado, de un canal YouTube, o tiene una emisora del espectro u online.
Los insultos, la destrucción de honras, la vulgaridad y las palabras obscenas son el pan de cada dia y ninguna entidad existe para frenar, corregir o regular, a los dueños de esos medios ni a sus inquilinos que, al disponer de un espacio se creen dueños del mundo y de la honra ajena, casi siempre sin consecuencias.
Pero, es más penoso aún, que personas con formación, grado universitario y tituladas para ejercer en esos medios, también se hayan dejado dominar por esa corriente venenosa, que se come vertiginosamente los valores más esenciales de la moral y la ética, que destruyen sin contemplación el arte del buen hablar; cuando acompañan a una frase bien usada de un “San Antonio” o vocablo irreverente, nos desgarran como sociedad, nos dañan como nación.
Hay vivos que usan los medios solo para el chantaje, para deshonrar a quien posiblemente tiene más valor, para buscar vistas, anuncios a la mala o servir a intereses espurios, sin medir las consecuencias sociales contra un pueblo que siempre fue humilde, respetuoso de Dios, de la escuela y los buenos valores.
Como ya la Comisión de Espectáculos Públicos fue tragada por ese monstruo inmoral, corresponde al Instituto Dominicano de Telecomunicaciones, en virtud de ese mandato, apretar las regulaciones de los medios en el aire, para que solo tengan y usen esos medios quienes se preparen para ello.
Es tiempo de enderezar entuertos, corregir falencias sociales y morales que se han dejado crecer o, en el porvenir inmediato, tendremos una sociedad dominada por perversos y pervertidos. ¡Ya está bueno!
