El error que podría estar cometiendo la clase política dominicana con Ramfis Domínguez Trujillo

Mientras muchos todavía analizan el presente, el tablero del 2028 podría estar preparándose para una de las mayores sorpresas políticas de la historia reciente dominicana

Por Angel Puello

La política moderna ya no funciona como antes. Y quien no entienda eso, simplemente está leyendo el mapa equivocado.

Las encuestas de hoy ya no garantizan el resultado de mañana. El mundo ha cambiado demasiado rápido. Las redes sociales cambiaron la política. La tecnología cambió la percepción pública. La velocidad emocional de las sociedades cambió la manera de construir liderazgo. Y las grandes sorpresas electorales internacionales de los últimos años demuestran que los candidatos tradicionales ya no tienen asegurado absolutamente nada.

Hoy, un candidato puede aparecer en octavo lugar y terminar disputando el poder meses después. Ha ocurrido en América Latina, en Europa y en diferentes democracias donde el desencanto colectivo terminó explotando electoralmente.

Y República Dominicana no parece estar caminando hacia una excepción.

La reciente encuesta Gallup que coloca a Ramfis en primer lugar dentro de los presidenciables alternativos deja algo peligrosamente claro para el sistema político tradicional: existe un enorme vacío emocional en la población dominicana. Un desencanto visible. Una fragmentación creciente. Una cantidad importante de ciudadanos que ya no se sienten representados por nadie. Y cuando una sociedad entra en esa etapa, los fenómenos políticos inesperados comienzan a aparecer.

Ahí es donde muchos podrían estar subestimando el verdadero potencial de crecimiento de Ramfis Domínguez Trujillo.

Porque la realidad es que la cifra que hoy aparece en una encuesta todavía no mide un escenario completo. Mide parcialmente una percepción limitada al dia de hoy . Y esa percepción tiene una razón fundamental: una parte importante del electorado todavía cree que Ramfis no puede aspirar constitucionalmente a la Presidencia de la República.

Ese detalle cambia muchísimo.

Durante años, una parte de la población dominicana ha mantenido la idea mental de que “Ramfis no puede ser candidato”. Incluso muchas personas que simpatizan con él o con parte de su discurso simplemente lo descartaban automáticamente por entender que existía un impedimento legal.

Pero el tablero cambia completamente cuando desaparece el obstáculo.

Y justamente ahí comienza el verdadero análisis político serio.

A partir de este 2026 se cumplen los diez años de la renuncia de Ramfis Domínguez Trujillo a la ciudadanía estadounidense, un hecho que cambia de manera profunda la lectura política de su figura. Desde ese momento, al quedar habilitado constitucionalmente para aspirar a la Presidencia de la República en las elecciones de 2028, la percepción pública ya no sería la misma. Ya no se trataría de un dirigente visto por muchos como una posibilidad bloqueada, sino de un candidato real, habilitado, competitivo y llamado a modificar notoriamente el tablero político dominicano.

Ese cambio puede tener un efecto psicológico de gran impacto. Porque cuando el ciudadano deja de pensar “me gusta, pero no puede” y empieza a pensar “me gusta y ahora sí puede”, se abre una nueva etapa política. Una cosa es simpatizar con una figura que se percibe jurídicamente limitada, y otra muy distinta es mirar a esa misma figura como una opción presidencial plenamente posible.

Porque a partir del momento en que quede constitucionalmente habilitado para aspirar en 2028, ya no se tratará de una figura “simbólica” o “testimonial”. Se convertiría oficialmente en una opción presidencial real dentro del escenario dominicano.

Y eso puede producir un efecto psicológico muy fuerte.

Especialmente en un país donde existe cansancio político, fragmentación partidaria, ausencia de un liderazgo absolutamente dominante, crecimiento del voto independiente y una ciudadanía que busca una figura con autoridad, orden y ruptura frente a lo tradicional.

La gran pregunta ya no sería si Ramfis puede crecer.

La verdadera pregunta sería: ¿hasta dónde podría crecer si logra transformar simpatía emocional en estructura política organizada?

Porque una cosa está clara: el electorado dominicano del 2028 parece mucho más abierto al cambio de lo que muchos imaginan.

Además, existe otro elemento importante: la política moderna ya no depende únicamente de estructuras partidarias tradicionales. Hoy las campañas se construyen con tecnología, narrativa digital, percepción colectiva, inteligencia de datos, viralización emocional y construcción de fenómenos sociales.

Eso explica por qué tantos candidatos “imposibles” han terminado convirtiéndose en protagonistas inesperados alrededor del mundo.

Y en medio de una República Dominicana donde una parte importante de la población siente que “ningún partido la representa completamente”, el espacio para una candidatura disruptiva podría ser mucho más amplio de lo que reflejan las fotografías políticas del presente.

Pero el crecimiento no ocurrirá automáticamente.

Porque al final, las sociedades no siempre terminan votando por quien parecía favorito. Muchas veces terminan votando por quien logra interpretar mejor el momento emocional de un país.

Y en ese terreno, Ramfis Domínguez Trujillo posee cualidades que no deben ser ignoradas: proyecta firmeza, disciplina, sentido de autoridad, discurso patriótico, capacidad de conectar con sectores cansados del desorden y una imagen de liderazgo frontal que, bien manejada, puede convertirse en una fuerza política de gran crecimiento.

Su reto es grande, pero también lo es su oportunidad. Su candidatura podría dejar de ser vista como una posibilidad lejana para convertirse en uno de los fenómenos políticos más serios rumbo al 2028.

angelpuello@gmail.com

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