Por: Santos Aquino Rubio
La decisión del presidente Luis Abinader de reponer el derecho conculcado a los adultos mayores de renovar su licencia de conducir por cuatro años como los demás ciudadanos, se convierte en una verdadera acción humana y de justicia en favor de los tan maltratados envejecientes.
Un decreto inhumano, discriminatorio, vejatorio y desconsiderado salido de la inspiración de personas sin ancestros, no puede romper de golpe con la convivencia y vida normal de quienes, en su medida, lo han dado todo por una mejor nación.
Un adulto mayor, no importa la edad y por el promedio de vida estipulado hoy en día, puede conducir hasta los 90 años y más si sus reflejos y salud mental lo permiten, no es materia administrativa de ningún presidente, ministro o director conculcar ese derecho que está muy bien consagrado en la Constitución de la República.
Por eso saludamos con beneplácito esta decisión del mandatario de resarcir a los adultos mayores y esta medida, debería ser suficiente para que el Instituto Nacional de Transporte y Tránsito Terrestre (Intrant), corrija de inmediato en las licencias emitidas ese error sin costo alguno. El decreto 330-26 modifica el reglamento de la Ley 63-17, para que sea corregido ese grave desacierto.
Eso pasó con el Consejo Estatal del Azúcar (CEA) con un decreto emitido en 2018, obligado a los compradores de buena fe a presentar una Carta de No Objeción, que nunca era otorgada, y permitía a las bandas de invasores ocupar terrenos ya pagados, en connivencia con la Jurisdicción Inmobiliaria del organismo. Así no se puede desarrollar un país, sin garantías jurídicas, con irrespeto a los derechos de las personas y con tantos abusos del poder, solo para llenar sus bolsillos.
Como adulto mayor, agradezco por todos al gobernante de turno el reconocer y redargüir un abuso tan grande con un segmento de la población que ha dejado parte de su vida en favor de la nación, sin otra esperanza que el respeto y la consideración ciudadana.
Las nuevas generaciones tienen que pensarlo muy bien, porque en el porvenir, el daño que hacemos hoy a los demás, puede revertirse implacable contra nuestras descendencias y con nosotros mismos. Reconocer los errores es de sabio, aunque este fue cometido por otro. Gracias presidente.
