La crisis de Haití golpea cada vez más fuerte a República Dominicana

Por Angel Puello

Durante demasiado tiempo hemos hablado de la crisis haitiana como si fuera un problema lejano. No lo es. Haití y República Dominicana comparten una isla, una frontera de casi 400 kilómetros y una realidad que hace imposible que el deterioro de un lado no termine produciendo consecuencias en el otro.

La situación haitiana es dramática. Naciones Unidas estima que cerca de 1.5 millones de personas se encuentran desplazadas internamente por la violencia y que 6.4 millones necesitarán asistencia humanitaria durante 2026. Más de la mitad de la población enfrenta inseguridad alimentaria aguda.

Pero mientras el mundo observa, República Dominicana siente diariamente parte de las consecuencias.

Las sentimos primero en la migración irregular.

Solo hasta agosto de 2026, la Dirección General de Migración reportó 265,412 deportaciones de extranjeros en condición migratoria irregular, con un promedio superior a 33,000 mensuales. Esa cifra por sí sola permite dimensionar la cantidad de recursos humanos, tecnológicos, militares, policiales y administrativos que el Estado dominicano está destinando al control migratorio.

Las sentimos también en nuestros hospitales.

Los datos oficiales muestran hasta qué punto la atención sanitaria a ciudadanos haitianos puede representar una demanda importante para determinados centros públicos. El Servicio Nacional de Salud informó que en enero de 2025 el 38 % de los 7,904 partos realizados en los hospitales monitoreados correspondió a mujeres haitianas. Después de la aplicación de nuevas medidas migratorias, esa proporción descendió al 17.7 % en mayo.

La presión alcanza igualmente la educación. Datos divulgados anteriormente por el Ministerio de Educación registraron más de 173,000 estudiantes de nacionalidad haitiana dentro del sistema educativo dominicano.

Y detrás de cada uno de esos números existe una realidad presupuestaria.

Hospitales necesitan médicos, medicamentos y camas. Las escuelas necesitan maestros, aulas y alimentación. La frontera necesita militares, tecnología, infraestructura y vigilancia. Migración necesita personal, vehículos, centros de procesamiento y recursos permanentes.

También existe un impacto económico.

Haití constituye un mercado importante para productos dominicanos. Cada episodio de violencia, cierre fronterizo o interrupción comercial puede afectar transportistas, comerciantes, productores agrícolas y empresas dominicanas que dependen del intercambio binacional. La Dirección General de Aduanas mantiene estadísticas periódicas que reflejan la importancia de nuestras exportaciones y del comercio fronterizo.

Hay además una dimensión de seguridad nacional.

Cuando un país vecino atraviesa debilitamiento institucional, expansión de bandas armadas, desplazamientos masivos y pérdida de control territorial, cualquier nación responsable tiene que observar cuidadosamente su frontera. El propio Gobierno dominicano y Naciones Unidas reconocieron este año que la crisis haitiana genera implicaciones directas para República Dominicana en materia de seguridad nacional, servicios públicos, gestión fronteriza, economía y cohesión social.

Pero debemos hacer una distinción fundamental.

Reconocer estos impactos no significa responsabilizar al ciudadano haitiano común de una tragedia que tampoco creó. Millones de haitianos son víctimas de la violencia, el hambre y la debilidad institucional de su propio país.

Precisamente por eso la comunidad internacional tiene que asumir mayores responsabilidades.

República Dominicana debe continuar fortaleciendo su frontera, aplicando sus leyes migratorias con respeto al debido proceso, mejorando la identificación de extranjeros, combatiendo el tráfico de personas y protegiendo sus servicios públicos.

Pero eso no basta.

Se necesita una verdadera estrategia internacional para estabilizar Haití, fortalecer sus instituciones, combatir las organizaciones criminales, crear empleos y generar condiciones para que los haitianos puedan vivir dignamente en su propio territorio.

La solución definitiva a la migración haitiana no está solamente en este lado de la frontera. Aquí tenemos soluciones y del lado del pais vecino también.

Está, sobre todo, en conseguir que Haití vuelva a ser un país donde su gente pueda vivir, trabajar, estudiar, producir y construir su futuro.

Porque mientras Haití continúe cayendo, República Dominicana seguirá sintiendo el golpe.

angelpuello@gmail.com

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