El crecimiento de la producción y las exportaciones convive con mayores costos de operación y consumidores que comparan precios para administrar su presupuesto.
Por Ana Celia Castillo
Santo Domingo.- El huevo es uno de los alimentos que ayudan a medir la relación entre el costo de la comida y el presupuesto de los hogares dominicanos. En Los Mina, Santo Domingo Este, Esmeralda, de 38 años y madre de tres hijos, calcula que un cartón de 30 unidades puede durarle entre 10 y 15 días. Para hacerlo rendir, alterna preparaciones sancochadas, fritas o revueltas con cebolla y ajíes. Cuando el presupuesto se lo permite, añade salami o longaniza.
En Herrera, Santo Domingo Oeste, Raquel, de 25 años y madre de dos niños, también recurre al huevo para organizar las comidas de su familia. Trabaja en una banca de lotería y comparte los gastos domésticos con su pareja, motoconchista. Para ella, la rapidez de preparación y la posibilidad de combinarlo con arroz y habichuelas lo convierten en una alternativa práctica cuando debe ajustar la compra.
«Con lo que cuesta una libra de carne, compro un cartón de huevos y me rinde por varios días», explica Raquel.
Sus experiencias individuales ocurren en un mercado de gran escala. La República Dominicana produjo 2,439.7 millones de huevos durante los primeros seis meses de 2026, según estadísticas preliminares del Ministerio de Agricultura. El volumen equivale a un promedio de aproximadamente 406.6 millones de unidades mensuales.
Representantes del sector sitúan la producción actual entre 400 y 420 millones de huevos al mes. El consumo nacional se estima en alrededor de 320 unidades por persona al año, aunque ese promedio no refleja las diferencias entre hogares.
El precio marca la compra
El costo de los alimentos ayuda a explicar el lugar que ocupa el huevo en el presupuesto doméstico. En el levantamiento del 23 de septiembre de 2026, el Sistema Dominicano de Información de Precios de Pro Consumidor registró un precio promedio de RD$198.57 por un cartón de 30 huevos en la categoría de mercados. La cifra equivale a unos RD$6.62 por unidad.
En el mismo registro, la libra de carne de res de pecho con hueso promediaba RD$162.14; la pierna de cerdo, RD$136.43, y la chuleta de cerdo fresca, RD$132.14.
La comparación no supone que los productos sean equivalentes: el huevo se vende por unidad o cartón, mientras que la carne se comercializa por peso. Sin embargo, la comparación permite observar la diferencia entre el desembolso de una compra y ayuda a entender por qué algunos consumidores optan por alimentos que pueden combinarse de distintas maneras.
Para hogares como los de Esmeralda y Raquel, la decisión no depende solo del precio unitario. También cuentan la cantidad que se puede comprar, las porciones que rinde y la facilidad de preparar una comida con ingredientes disponibles.
La producción crece, pero también los costos
La industria avícola dominicana ha ampliado su producción en los últimos años. Según cifras del Ministerio de Agricultura citadas por la prensa económica, el país pasó de producir 2,753.4 millones de huevos en 2020 a 4,467.6 millones en 2025, un aumento aproximado del 62.3 %.
La actividad moviliza una cadena que incluye la producción de alimentos para las aves, energía, mano de obra, transporte, clasificación, empaques y distribución. Por eso, las variaciones de costos pueden afectar tanto la rentabilidad de las granjas como el precio final que paga el consumidor.
En septiembre de 2026, la Asociación Dominicana de Avicultores (ADA) advirtió sobre la presión de los mayores costos de las materias primas importadas y del transporte internacional. El maíz y la harina de soya son insumos fundamentales para alimentar a las aves y están expuestos a las variaciones de los mercados internacionales y la logística.
José Pichardo, presidente de la Asociación Nacional de Productores de Gallinas Ponedoras (Asonaprop), declaró a DiarioAgropecuario, que el costo de producción se encontraba entre RD$4.50 y RD$5.00 por huevo, dependiendo de las características de cada empresa. También situó el precio de venta en granja alrededor de RD$5.50 por unidad.
Estas cantidades son referencias comunicadas por un representante del sector y no un promedio oficial de todas las granjas del país. Tampoco deben compararse directamente con el precio minorista sin considerar los gastos de transporte, distribución, empaque y comercialización.
Un negocio con mercado interno y exportaciones
El crecimiento de la producción se acompaña de oportunidades comerciales fuera del mercado local. En 2025, las exportaciones dominicanas de huevos alcanzaron los US$34.2 millones, según cifras de comercio exterior citadas por la prensa económica.
El dato sitúa al huevo no solo como un componente de la canasta alimentaria, sino también como parte de una actividad productiva que genera ingresos y demanda servicios a lo largo de su cadena de suministro. La evolución de las exportaciones, no obstante, depende de los mercados de destino y de la capacidad de mantener una oferta competitiva.
El desafío está en sostener la producción y la rentabilidad sin perder de vista el poder adquisitivo de los consumidores. Un aumento en los costos puede presionar los márgenes de los productores; una oferta superior a la demanda disponible también puede reducir los precios que reciben en granja.
Una fecha para mirar más allá del consumo
El Día Mundial del Huevo se celebra el segundo viernes de octubre desde 1996, por iniciativa de la entonces Comisión Internacional del Huevo, hoy Organización Mundial del Huevo. En 2026 se cumplen 30 años de la conmemoración, dedicada a destacar el valor nutricional y la versatilidad de este alimento.
Un huevo grande aporta aproximadamente entre seis y siete gramos de proteína y entre 70 y 80 calorías. Su aporte nutricional y sus distintas formas de preparación contribuyen a explicar su presencia en los menús familiares.
En la República Dominicana, el huevo conecta dos realidades: una industria que produce miles de millones de unidades y hogares que ajustan sus compras para cubrir sus necesidades. Para productores y consumidores, el precio final depende de una cadena de costos; para familias como las de Esmeralda y Raquel, ese precio se traduce en una decisión cotidiana sobre qué llevar a la mesa
