Bélgica advierte que Europa prioriza el fin del conflicto y evitar una escalada que impacte la energía y la seguridad regional

El primer ministro de Bart De Wever afirmó este jueves que los países de la Unión Europea tienen una postura clara frente al conflicto en Irán: poner fin a la guerra lo antes posible y evitar cualquier implicación directa.

El líder belga subrayó que existe un consenso entre los Estados miembros de no participar en una guerra que, según explicó, no fue iniciada por Europa. “Todo el mundo quiere una cosa: que esta guerra termine lo antes posible y que no seamos implicados”, declaró a su llegada a una cumbre de líderes comunitarios en Bruselas.

Rechazo a la implicación militar

De Wever reiteró que en Bélgica no existe voluntad de involucrarse en un conflicto contra Irán, postura que, aseguró, es compartida por gran parte del bloque europeo. A su juicio, la guerra —iniciada por Estados Unidos e Israel— carece de una estrategia clara de salida, lo que genera preocupación en el continente.

“El sentimiento común es que no hemos querido esta guerra ni la hemos comenzado”, insistió, al tiempo que cuestionó la falta de planificación y dirección en el conflicto.

Protección de terceros países

El dirigente también abordó la necesidad de que Europa evalúe medidas para proteger a Estados que se han visto arrastrados al conflicto sin haberlo provocado. Según explicó, esta situación adquiere una dimensión europea que deberá ser discutida entre los líderes del bloque.

Energía, la gran preocupación

En paralelo, De Wever alertó que el impacto en los precios energéticos se ha convertido en una prioridad aún más urgente para la Unión Europea. Indicó que, incluso antes del estallido del conflicto en Oriente Medio, este tema ya encabezaba la agenda política.

Ahora, con la guerra en curso, la presión sobre los mercados energéticos ha aumentado, elevando la preocupación por la estabilidad económica en la región.

El primer ministro concluyó que los recientes acontecimientos en Oriente Medio han intensificado los desafíos para Europa, obligando a una respuesta coordinada que combine diplomacia, seguridad y control de los costos energéticos.

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