Reflexión, valoración y aportes a partir del análisis de Eddy Pereyra Ariza
Por Angel Puello
El análisis que recientemente publicó Eddy Pereyra Ariza bajo el título “El arte de desacreditar en la comunicación estratégica” en el periódico AlMomento.net es una pieza valiosa que merece un detenido estudio y reconocimiento. Desde el inicio, el autor acierta al plantear con claridad lo que muchos hemos observado en el espacio público: la comunicación ya no es solo transmisión de información, sino un campo de batalla donde la reputación, la credibilidad y la percepción pública son activos estratégicos para cualquier actor social.
Lo primero que quiero destacar y felicitar es la forma en que Pereyra Ariza articula un concepto que muchas veces se pierde en discursos superficiales. Su enfoque en que la comunicación estratégica no solo influye, sino que construye realidades sociales es una base sólida para entender fenómenos tan complejos como el descrédito deliberado en política, en los negocios o incluso en relaciones interpersonales.
El artículo, además, hace un excelente trabajo al desglosar las etapas de un proceso de desacreditación: desde la selección del objetivo hasta el montaje de narrativas que apelan a emociones más que a hechos. Este tipo de análisis nos permite comprender que la estrategia de comunicación aunque puede ser usada para construir también puede convertirse en una herramienta destructiva si se utiliza para manipular la percepción pública a través de rumores, medias verdades o noticias falseadas.
Otro acierto de Pereyra Ariza es ilustrar cómo estas tácticas han trascendido los medios tradicionales para llegar con mayor virulencia a las redes sociales, donde la viralización y el uso de herramientas automatizadas como los bots potencian el impacto emocional de los mensajes, alterando la percepción antes incluso de que se haya verificado la verdad.
Aportaciones que enriquecen la perspectiva
Aprovecho este análisis porque es un tema que me apasiona profundamente: ¿por qué la sociedad moderna se ve tan fácilmente seducida por el arte de desacreditar?. Para complementar lo que plantea Pereyra Ariza, quiero subrayar algunos elementos claves desde la comunicación estratégica que, aunque implícitos en su artículo, merecen un mayor desarrollo:
Primero, la manipulación informativa no es una creación del periodismo contemporáneo, sino una técnica con raíces históricas profundas. Según expertos en análisis de medios, la manipulación busca crear una imagen favorable a intereses específicos y puede incluir supresión de información, distorsión de hechos o la distracción del público para centrar su atención en narrativas prefabricadas.
Segundo, en el campo de la comunicación estratégica existe el concepto de contrapropaganda, que es la respuesta veraz y cuidadosamente construida frente a mensajes falsos o engañosos. Esta contrapropaganda, si se aplica con rigor, puede ser esa herramienta que no solo desacredite el abuso comunicacional sino que restablezca la verdad sin caer en la misma táctica destructiva.
Además, quiero enfatizar que dentro de una estrategia avanzada, la audiencia no es un receptor pasivo: es un actor que interpreta, valora y juzga. Esto implica que los estrategas de comunicación deben comprender no solo cómo diseñar mensajes, sino también cómo anticipar las reacciones del público, su contexto cultural y sus redes de interacción para evitar que circulen bulos, desinformación o narrativas polarizantes.
Considero crucial que se fomente una cultura mediática más crítica y reflexiva. No es suficiente con denunciar la existencia de campañas de descrédito; se requiere de educación ciudadana que permita a las personas identificar falacias, comprender contextos y valorar fuentes antes de divulgar información que pueda fomentar la polarización social.
Hacia una comunicación estratégica ética

El artículo de Eddy Pereyra Ariza cumple con una doble función: describe un fenómeno de enorme impacto en nuestra vida democrática y nos invita a reflexionar sobre la responsabilidad de quienes comunicamos y de quienes consumen información. Su aporte es valioso porque nos plantea preguntas que todos debemos hacernos: ¿queremos construir discursos que aporten a la cohesión social o continuaremos repitiendo patrones que alimentan la desconfianza y el conflicto?
Desde mi perspectiva como estratega y comunicador, este análisis es solo el comienzo de una conversación urgente sobre cómo recuperamos la comunicación ética, basada en hechos y orientada al bien común. El arte de comunicar no debe convertirse en el arte de destruir reputaciones sin fundamentos; debe, en cambio, ser un instrumento para fortalecer tejido social, fomentar confianza y elevar la calidad del debate público.
* El autor es asesor de comunicación
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