Luis se arriesga a fuego en pradera

Con la suerte de que muchas cosas le han salido bien— hasta los errores, porque los ha aprovechado para proyectar que está en capacidad de rectificar—puede que el período de luna de miel haya llevado al presidente Luis Abinader a tocar teclas innecesarias y riesgosas, porque le pudieran encender la pradera e intranquilizar una gestión que, pese a la pandemia y el desplome de los ingresos del Gobierno, ha navegado con el viento a favor.

Nos referimos–sin incluir una pifia que rozó la sensibilidad periodística y puso en alerta a los medios de comunicación–al anuncio temprano del gobernante de encaminar una iniciativa de reforma Constitucional, así como el reciente apoyo público a las controvertidas tres causales sobre el aborto, que de inmediato levantó un revuelo en las iglesias y en otros sectores tradicional y rabiosamente defensores de la vida.

A menos que no fuera como estrategia oficial para distraer la atención sobre los espinosos temas del endeudamiento público y del aumento sostenido de los precios de los combustibles a los que el joven Gobierno se ha visto obligado a recurrir, muchos no entienden por qué el presidente Abinader no toreó la pregunta de un diario español que llovía sobre mojado con un debate para el cual, por una cuestión de fe y de valores muy arraigados en una gran mayoría del pueblo dominicano, el país no está dispuesto a dejarse doblar el brazo.

Al parecer, al jefe del Estado lo sorprendió una pregunta capicúa u olvidó que hasta el expresidente Danilo Medina, con todo y “su congreso” y con un poder de dictador que usaba sin discreción, debió engavetar la propuesta impertinente de las tres causales sobre el aborto que había sometido al Congreso. Esa fue una de sus primeras derrotas políticas, de la lista que al final decretarían la salida suya y del PLD del poder.

¿Llevado por su mucho éxito en poco tiempo, acaso no se arriesga demasiado Abinader, al levantar un avispero innecesario, y en un mal momento, con su apoyo a las tres causales del aborto? Definido como hombre de centro y provida, debió aferrarse a la tesis de una acreditada profesora de la UASD, de que:” los asuntos de fe no se debaten, se respetan”.

Monseñor Víctor Masalles, de las pocas voces altas y enérgicas que le quedan a la Iglesia Católica, proclamó de inmediato que: ”En el mundo de la fe ha causado gran pesar que, justo en los días del nacimiento de Nuestro Salvador, un mandatario exprese apoyo a situaciones en las que no nacidos sean eliminados, sabiendo todos que las causales son la antesala para la aprobación del aborto libre”.

Acaba de ocurrir en Argentina, pese a todas las críticas levantadas por los aprestos conocidos en esa dirección. Ojalá esto último no sirva ahora como ola en la que quieran montarse otros países de América Latina, por entrar en la moda, pero sin medir consecuencias ni tener clemencia por “los no nacidos” (¿).

Y valen las palabras de la valiente diputada española que estremeció el Parlamento, no solo al decir que estaba a favor de la vida absoluta, de la vida de la madre y de la vida del niño por nacer, sino cuando planteó que: “El aborto no es un derecho humano; el derecho humano es el derecho a la vida, no el derecho a eliminarla”. ¡Suficiente!

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