El silencio también construye grandes personas

Ángel Puello, presidente de la Fundación Todo es Posible, comparte por qué algunos de los momentos más importantes de su vida nacieron cuando el ruido desapareció y solo quedó espacio para pensar.

Por  Angel Puello 

Vivimos en una época en la que parece obligatorio demostrar que siempre estamos ocupados. Si una persona no publica constantemente lo que hace, algunos creen que no está avanzando. Si alguien decide apartarse por un tiempo para pensar, leer, observar o simplemente guardar silencio, hay quienes interpretan esa decisión como falta de entusiasmo o de productividad.

Mi experiencia me ha enseñado exactamente lo contrario.

A lo largo de mi vida he conocido empresarios, comunicadores, líderes comunitarios, religiosos y ciudadanos comunes que tenían una característica en común: reservaban momentos para conversar consigo mismos. No era aislamiento. Era disciplina mental. Eran personas que comprendían que antes de cambiar el mundo, primero debían ordenar sus propias ideas.

En lo personal, muchos de los proyectos que más satisfacción me han dado no surgieron en medio de una reunión multitudinaria ni durante una actividad pública. Nacieron cuando tuve la oportunidad de detenerme, analizar la realidad y escuchar esa voz interior que muchas veces queda opacada por el exceso de información que nos rodea.

Como presidente de la Fundación Todo es Posible, he visto cómo muchas personas sienten temor de quedarse a solas con sus pensamientos. Buscan llenar cada minuto con un teléfono, una conversación o una pantalla. Sin embargo, cuando finalmente se permiten un espacio de tranquilidad, descubren respuestas que llevaban años buscando.

No creo que el crecimiento personal dependa de hablar más. En muchas ocasiones depende de escuchar mejor.

Escuchar a la familia. Escuchar a quienes piensan diferente. Escuchar las necesidades de la comunidad. Pero también escuchar nuestros propios valores y preguntarnos si realmente estamos viviendo de acuerdo con ellos.

He aprendido que las mejores decisiones rara vez nacen de la prisa. Las decisiones importantes necesitan serenidad. Necesitan tiempo. Necesitan reflexión.

También he conocido personas extraordinariamente inteligentes que nunca sintieron la necesidad de convertirse en el centro de atención. Preferían trabajar en silencio, dejar que sus resultados hablaran por ellos y continuar avanzando sin buscar aplausos. Con el paso de los años comprendí que esa actitud suele producir obras más duraderas que la búsqueda permanente de reconocimiento.

Vivimos conectados con miles de personas, pero muchas veces desconectados de nosotros mismos. Tal vez por eso abundan la ansiedad, el agotamiento y la sensación de vacío. No todo problema se resuelve haciendo más; algunos comienzan a resolverse haciendo una pausa.

No estoy invitando a alejarnos de la sociedad. Todo lo contrario. Creo profundamente en el trabajo en equipo, en el servicio y en la solidaridad. Pero también creo que quien nunca dedica tiempo a fortalecer su mundo interior difícilmente podrá aportar lo mejor de sí a los demás.

Hoy valoro esos momentos de calma que antes parecían insignificantes. Son instantes en los que nacen nuevas ideas, se corrigen errores, se fortalecen convicciones y se renueva la esperanza.

Quizá el verdadero desafío de nuestra generación no sea aprender a hablar más fuerte, sino aprender a pensar con mayor profundidad.

Porque cuando una persona logra encontrar paz dentro de sí, comienza a descubrir caminos que el ruido jamás le habría permitido ver.

angelpuello@gmail.com

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